La publicidad exterior.

Como ya escribí el primer día en el artículo de presentación, la publicidad está en todas partes, nos rodea estimulando los sentidos de formas tan diversas que acaban captando la atención de la mayoría de nosotros.

La publicidad exterior se aprovecha de esos tiempos muertos que tenemos todos al cabo del día, ese semáforo que es eterno, el lugar donde hay habitualmente atascos en las horas punta del día, en las calles con gran tráfico tanto de vehículos como de personas, cerca de las paradas de autobús o metro…

Por esto a pesar de ser un medio de publicidad convencional,  las campañas y las tecnologías que usan para ello son cada vez más sorprendentes y avanzadas, reforzando de este modo el resto de acciones publicitarias.

Según un reciente estudio el 79% de los consumidores realizó algún tipo de compra o adquisición a partir de un impacto de este tipo de publicidad, quedando demostrado que es más que efectivo.

Son muchas las ventajas y posibilidades que ofrece este tipo de soporte publicitario y aún más cuando en estos soportes entra en juego la tecnología.

No es raro ya encontrarse con pantallas gigantes colgadas de fachadas de centros comerciales o edificios, remolques con pantallas dando vueltas por la ciudad, paradas de autobús que parecen asientos de un cine o vallas publicitarias que cobran vida con anuncios en tres dimensiones…

Sirven como forma de recordatorio, como formato de diferenciación si el soporte es llamativo o novedoso, para despertar el interés de los consumidores con anuncios insólitos o impactantes, para crear imagen de marca, permiten situarlos y enfocarlos de una forma más específica a los distintos tipos de público o consumidores a quienes van dirigidos y lo más importante, es un medio que se exhibe las 24 horas del día.

¿Y quien no quiere publicitarse 24 horas al día?

 

“La publicidad es básicamente persuasión, y la persuasión no es una ciencia, sino un arte”. William Bernbach.